domingo, 2 de agosto de 2015

'Overbooking' de autocaravanas en Berio


    REPORTEROS DV

Las autocaravanas se enganchan a San Sebastián

las autocaravanas se enganchan a San Sebastián..CARLOTA EZQUIAGA


Viajan con la casa a cuestas y en su recorrido marcan en el mapa un círculo sobre Donostia porque se trata de uno de los lugares de parada obligatoria. El GPS les indica cómo llegar al aparcamiento de autocaravanas de la ciudad situado en el Antiguo y se alegran al comprobar que su ubicación es próxima al centro. Algo que, según comentan, no suele ser habitual. En la otra cara de la moneda, se encuentra el cartel de 'completo'. Un contratiempo que sí se repite a diario, pero que tiene fácil solución: abarrotar las inmediaciones.
El único aparcamiento para este tipo de vehículos en Donostia, al margen de los campings de Igara e Igeldo, se encuentra en Berio, junto a las universidades. Este espacio con cabida para 44 vehículos vive los meses de verano una rotación constante y es testigo de cómo un buen número de autocaravanas salen por donde han entrado al ver imposible poder hacerse un hueco entre sus compañeros de ruta.
Así, en la zona OTA convencional de los alrededores, fundamentalmente la que discurre entre la biblioteca Carlos Santamaría y el Aulario, se pueden contar hasta una veintena de roulottes. Las vacaciones de los estudiantes de la UPV dan tregua a estas plazas que se encuentran disponibles prácticamente a diario, por lo que a priori eso no supone ningún problema. Es el uso que algunos autocaravanistas hacen de su estancia en este parking improvisado, lo que genera entre los vecinos cierta reticencia a que se encuentren fuera del espacio habilitado para ellos.

Los aparcamientos de autocaravanas cuentan con tomas de agua, iluminación y un punto de recogida y tratamiento de residuos, unas instalaciones de las que carecen aquellos que estacionan en las plazas comunes, por lo que «se las arreglan como pueden». «Ya he visto a más de uno echando las aguas por la alcantarilla en plena calle y es una auténtica guarrada. Me gustaría saber si en caso de producirse esta situación en el Centro, se tardaría tanto en reaccionar». «Esto no es un problema de hoy, viene de años atrás», recuerda una vecina de la zona.
Alex Parra y Amaia Pérez de Lazarraga, pertenecen a ese buen número de viajeros que aparcan su gran vehículo fuera del recinto y que confirman la denuncia de la vecina. «Al final pagamos justos por pecadores», lamenta ella, asumiendo que por este tipo de comportamientos «estamos mal vistos». Esta pareja de bilbaínos que ha venido de visita para disfrutar del Festival de Jazz, hace hincapié en que no es ni tan complicado, ni tan molesto. «La entrada al recinto es libre y estamos a escasos doscientos metros, por lo que cuando necesitamos los servicios que ofrecen a los autocaravanistas, nos acercamos y punto». Una práctica aparentemente obvia, que parece que no todos los usuarios de las autocaravanas ejercen.
Una familia de sevillanos, con una larga trayectoria viajando en roulotte, relata que «hace muchos años» en Francia ocurría lo propio. El uso de la autocaravana «empezaba a extenderse y no se respetaban los espacios públicos». «Les cogió un poco por sorpresa, pero se preocuparon por mejorar instalaciones, acondicionar muchas zonas y ampliarlas para dar respuesta a un tipo de turismo que estaba en auge». «No se puede controlar que todo el mundo se comporte de una manera cívica, pero si los servicios que ofreces responden a las necesidades que existen, la probabilidad se reduce», asegura la andaluza, Isabel Noguer. De hecho, muchos autocaravanistas coinciden en que Francia es uno de los países europeos que mejor servicio ofrece.
«Prohibido acampar»
Cerca de la plaza de Europa, una pareja de alemanes, Juergen e Ina Karrer echan más leña al fuego acusando a aquellos que no respetan, aunque insisten, «son los menos». «Las autocaravanas pueden estacionar en los parkings, pero no acampar, lo que implica no poder sacar mesas, sillas o toldos y eso no siempre se cumple ni dentro ni fuera del recinto». De hecho, en la época estival no resulta complejo confundir los bancos del paseo de Berio con tenderetes o las aceras y verdines con merenderos urbanos. Aunque la situación sea menos alarmante que hace unos años, cuando aparecieron ratas tanto en las inmediaciones del parking de autocaravanas como en las zonas de estacionamiento improvisado, no deja de proyectar «una imagen negativa». «En 2011 llamamos a Sanidad y desde el Ayuntamiento nos prometieron colocar váteres portátiles y un basurero que seguimos esperando», agrega otro vecino molesto.
Una visión más flexible muestra Bernard Paulino, un francés que lleva varios años pasando por Donostia. Con su vehículo estacionado dentro del aparcamiento, considera que «la normativa debe prohibirlo, de lo contrario, esto se convertiría en un camping y no lo es, pero si alguno saca una mesa o unas pequeñas hamacas en un momento dado, mientras se haga con respeto no hay problema», asegura.
Lo que sí crítica este vecino de Burdeos es que «muchos aparcan fuera por no pagar o pagar menos», confiesa. El precio por una jornada en el parking es de 6,55 euros. Trece euros cuesta estacionar el vehículo dos días y 19,65 euros, el máximo de 72 horas permitido, tal y como aparece especificado en la entrada. En la parte exterior, los turistas deben abonar la OTA convencional correspondiente a la zona 4-5, es decir, precios algo más reducidos y gratuita los sábados, domingos y festivos.


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